Como desperdigado en mil partes y buscando las esenciales,

aquellas que perduran en el frío mas absoluto.

Recordando las que quedaron en la lejanía que desde aquí no se ve,

las que aún gritan y no cansan su voz.

Hemos quedado desnudos y sin embargo no nos podemos ver.

¿Será que el frío nos cegó?

¿Será la bruma la que nos impide vernos?

¿O simplemente buscamos otras cosas?

No hay nada que detenga esta profunda mirada del pasado,

nada que pueda desviarla.

Es que no hay otros focos que llamen mi atención.

Desprecias a la lluvia cuando solo te habla de lavarse.

Desprecias a tu voz y tal vez sea lo único que pueda hablarte.

…y así sigues el camino, buscando a quienes se distrajeron.

Buscas que relean su palabra y que escuchen las tuyas.

Te recuestas y ya ni lees los libros mas cercanos,

ya no recuerdas cuales fueron los que mas te hablaron,

recuerdas solo algunos pocos aromas

(estos sí viven intensamente en tí)

y dejas pasar las horas, los discos, las hojas, los fríos, los baños, los humos.

¿Ahora recuerdas cual era tu voz?

Dejas inexorablemente que el tiempo te tome.

Y entonces casi hasta el cansancio relees una vez mas tus palabras.

Ya están dichas, han quedado marcadas imborrablemente

sobre y profundo en la piel.